Hace unos días, el presidente del jurado del Festival de Cine de Venecia, Alexander Payne, decía no sentirse “preparado ni informado” para responder si el festival debía condenar el genocidio en Gaza. Así lo pedían cientos de cineastas, a través del colectivo Venice4Palestine. Pero para él, su única labor era “juzgar y hablar sobre cine”.
La proyección de le película “La voz de Hind” sobre el asesinato en Gaza de una niña junto a sus primos y tíos por parte del ejército israelí, conmocionaba Venecia. 23 minutos de aplausos acompañados del clamor de “Free, free Palestine”.

Su directora, la tunecina Kaouther Ben Hania, expresó: “Todos creemos en la fuerza del cine. Es lo que nos reúne esta noche y lo que nos da el coraje para contar historias que, de otro modo, quedarían enterradas. El cine no puede devolvernos a la niña y no puede borrar las atrocidades cometidas en su contra, nadie puede restaurar jamás lo que nos ha sido quitado, pero puede preservar su voz y hacerla resonar más allá de las fronteras. Su historia no es solo suya, es la tragedia de un pueblo entero durante el genocidio infligido por el régimen criminal israelí, que actúa con impunidad. Y esta noche, esta historia no solo trata sobre la memoria, sino sobre la urgencia”.
Por su parte, Saja Kilani, la actriz protagonista, hizo unas valientes declaraciones en rueda de prensa sobre la película que os dejo en este link.
“La voz de Hind” ganó el Gran Premio del Jurado. Sin embargo, el León de Oro, máximo galardón del festival, se lo llevó la tragicomedia familiar “Father, mother, sister, brother” del cineasta estadounidense Jim Jarmusch. (Por cierto, la película está distribuida por Mubi, una plataforma financiada por un fondo de inversión americano que apoya a empresas armamentísticas de Israel).
Vivimos en un mundo global y en un momento crucial en el que es imprescindible defender las Democracias y los Derechos Humanos y hacer que se cumplan las leyes internacionales. El cine social se ha convertido en un “ejercicio de urgencia” para visibilizar conflictos. La cultura, junto a la palabra y el pensamiento crítico, son las mejores herramientas para exigir el cese de las armas. Los ciudadanos tenemos la responsabilidad de informarnos y más aún, los representantes de las instituciones.

Ojalá la voz de Hind ayude a poner fin a los bombardeos en Gaza, donde ya han muerto más de 63.000 personas (18.000 niños) y más de 160.000 han resultado heridas, según el Ministerio de salud de Gaza. La ONU ha señalado que de los 40.000 niños heridos, al menos 21.000 han quedado discapacitados.
Como madre, se me encoge el alma cada día. Me avergüenzo de vivir en un mundo “desarrollado” donde se asesina a niños por dinero y poder, mientras las instituciones miran para otro lado. Pero NO PIERDO LA ESPERANZA EN LA HUMANIDAD, porque cada vez son más los ciudadanos que denuncian este genocidio, algunos incluso poniendo en riesgo sus vidas. ¿A qué esperan los gobiernos?
















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