Los griegos explicaban la llegada de la primavera con la vuelta del inframundo de la diosa Perséfone. A su paso, las semillas plantadas durante el invierno florecían.
El mito de Perséfone nos cuenta que la diosa nació de la unión entre Zeus, dios del Universo, y Deméter, diosa de la agricultura. Fue criada por su madre y las ninfas, donde creció hasta convertirse en una joven de gran belleza.
Un día, Perséfone estaba cogiendo flores cuando apareció Hades, dios del inframundo, y se enamoró de ella. Abrió una enorme grieta en la tierra y la raptó para llevársela a su reino.

Desconsolada por la desaparición de su hija, Deméter empezó a buscarla y, debido a su tristeza, las plantas se secaron. Ésto, supuso un gran problema para la humanidad, ya que las cosechas morían y los mortales comenzaron a pasar hambre. Le pidieron ayuda a Zeus, que envió al dios Hermes a negociar con Hades, para que dejara libre a su prisionera.

Hermes, que era uno de los dioses más astutos del Olimpo, consiguió convencer a Hades, quien puso una condición: Perséfone no debía comer nada hasta salir del inframundo, o estaría obligada a volver durante la mitad del año. Hades engañó a Perséfone ofreciéndole unas semillas de granada y ella las comió. Cayó en su trampa, por lo que quedó condenada a pasar medio año con Deméter entre el cielo y la tierra, y la segunda mitad como esposa de Hades, convirtiéndose en la reina del inframundo.
Los meses en los que madre e hija vivían separadas, Deméter estaba tan triste que la naturaleza perecía y las cosechas no prosperaban. Pero cada vez que Perséfone emergía del mundo de los muertos, las plantas volvían a la vida y los humanos podían recoger los frutos de su trabajo en el campo. En otoño, la diosa volvía a enterrarse en las profundidades de la Tierra.

El mito de Perséfone nos recuerda que el descenso a la oscuridad es un proceso de AUTOCONOCIMIENTO Y TRANSFORMACIÓN. Perséfone come las semillas de granada y Deméter lo considera una tragedia, pero en realidad es un acto de iniciación: elegir el conocimiento profundo sobre la inocencia permanente.
Para encontrar nuestro verdadera ESENCIA, debemos bucear en nuestra propia OSCURIDAD. La semilla que no desciende a la tierra, no puede germinar en primavera. La doncella ingenua que baja al inframundo no es la misma que regresa, convertida en sabia. El alma que reconoce, acepta y trabaja su propia oscuridad, aprende quién es y RENACE.
Para los que habéis reflexionado sobre el trabajo de sombra, a través de mi TALLER “LA SOMBRA DE LA LUNA”, es momento de ordenar ideas, iniciar proyectos y ver florecer las semillas.
Volveremos a descender al inframundo cuando lo haga Perséfone y nos lo indique el paso de las estaciones… FELIZ RENACER, FELIZ PRIMAVERA!

















Speak Your Mind