Luis Soriano, maestro de primaria, lleva más de 20 años recorriendo las comunidades rurales de Colombia con sus burros, Alfa y Beto, cargados de libros. Se les conoce con el nombre de AlfaBeto y juntos forman la Biblioburro ambulante.

Preocupado por el alto índice de analfabetos en los pueblos de la zona y la falta de acceso a la lectura, Soriano ideó esta original biblioteca móvil, llevando libros a niños que de otra forma no podrían tenerlos.
En un principio, ofreció su modesta colección de 70 libros con niños en su pueblo rural de La Gloria y las áreas circundantes de la provincia de Magdalena. Su servicio de biblioteca móvil con el uso de burros, a lo largo de los años, ha enriquecido y capacitado a las comunidades empobrecidas con el acceso a una amplia variedad de publicaciones.
Comenzó a viajar con unos 120 libros. Un viaje de ida y vuelta podía durar 11 kilómetros y más de 8 horas. Alfa llevaba los libros y Beta a Luis por zonas peligrosas debido a diversos conflictos armados.
En 2008, tras escuchar la promo de la novela del periodista Juan Gossain en una cadena de radio, le escribió una carta pidiendo su colaboración. La biblioteca recibió una avalancha de donaciones de libros de la audiencia y se multiplicó hasta casi 5.000 libros.
Desde 2010, el proyecto se ha convertido oficialmente en una fundación reconocida para abordar el problema del analfabetismo en el Caribe colombiano. La biblioteca consta de más de 8.000 libros y se ha replicado en otros países como Italia, Brasil, Venezuela, India y Bolivia.
Las historias de aventuras infantiles y las de viajes, son el género más buscado por los lectores de Biblioburro, que cuenta también con sus libros perdidos: un manual de educación sexual y un ejemplar de “Como agua para chocolate” de Laura Esquivel que nadie devolvió. El libro robado es “Brida” de Paulo Coehlo, que unos bandidos “tomaron prestado”, tras comprobar que Soriano no llevaba dinero.
La Biblioburro se ha convertido, además, en un libro para niños y ha inspirado un documental que cuenta su historia.
En 2012, a Luis le amputaron una pierna tras un accidente, pero sigue comprometido con su trabajo e ilusionado con su proyecto del que cuenta orgulloso: “Con Biblioburro estamos luchando contra la ignorancia de los agricultores. En un libro podemos encontrar ciudades, culturas y valores. Un niño que educamos hoy con el Biblioburro le estamos enseñando derechos y deberes. Y un niño informado puede decir no a la guerra. Estamos construyendo colombianos del futuro, colombianos intelectuales.”
















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