Enero y el año nuevo

Hibernar: pasar el invierno en estado de letargo profundo. 

La hibernación es un mecanismo de defensa fundamental para la supervivencia de muchas especies. Los animales entran en un proceso de letargo durante el invierno, ya que en esta época el sustento alimenticio es limitado o inexistente. Durante los meses previos, preparan sus refugios, aumentan sus reservas de grasas y guardan provisiones, para combatir los momentos de escasez y no morir de hambre. En su letargo, reducen al mínimo el esfuerzo corporal, las constantes vitales y sus residuos. 

Los humanos hacemos justo lo contrario. Salir a la calle a pasar frío, comer y beber en exceso, aumentar luces y decibelios, consumir como si no hubiera un mañana, generar basura y enfermar. Y como en enero se apagan las luces y el ruido, nos rebajan las sobras de las navidades, para que sigamos gastando dinero y energía, corriendo en una rueda de hámster que nos deja exhaustos.

Con el cambio de año surgen las reflexiones, los agradecimientos, las ganas de dejar atrás lo viejo, de cambiar ciertos hábitos e ilusionarnos por los nuevos comienzos. Nos deseamos ¡Feliz Año! pero en el fondo sabemos que será una nueva época de luces y sombras. Tendremos que volver a lidiar con conflictos internos y externos, experimentar toda clase de emociones y sufrimientos propios y ajenos. No nos quedará más remedio que aceptarlos: si nos duele, es que estamos vivos. 

Es difícil vivir con los ojos abiertos, comprender al otro, soportar la pérdida, pero en eso consiste evolucionar. Nos dicen que seamos felices, cuando todas las emociones son necesarias para analizar y transformar la realidad. Igual deberíamos ser más flexibles, compasivos y respetuosos con los demás y con nosotros mismos. Rebajar nuestras expectativas y aumentar el agradecimiento por los momentos compartidos con familia y amigos. Valorar su amor, apoyo y dedicación para seguir viajando y construyendo juntos. Desvincularnos de la queja continua, reconocer errores y pedir perdón. Buscar respuestas en la naturaleza y el arte, para mitigar el sufrimiento y la barbarie. No dejarnos llevar por la sinrazón y el desasosiego. 

Enero es un mes raro, porque se presenta en mitad del frío y de la nada. Nos hace sentir vulnerables. Pero es en esa desnudez de los árboles donde la escucha da lugar al cambio. En un pulso entre la sociedad (que nos exige comenzar) y la naturaleza (que descansa para comenzar de nuevo).

Enero no es inicio. Es pausa para reflexionar y ordenar, en medio de la calma y el silencio.  Permanecer en la madriguera, cuidarnos y fortalecer vínculos al calor del fuego, contando historias, entre películas y libros. El renacer llegará con la luz y el despertar de la vida. 

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Mujeres que Vuelan